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EN "LA SELVA NEGRA"
DE NICARAGUA CRECE UN CAFE DE ALTA CALIDAD
MATAGALPA (dpa) - En "La Selva Negra" de Nicaragua
crecen mangos,
aguacates y cipreses, y largas hileras de palmas yuca bordean
los
senderos llenos de sombra. Pero en las copas de los árboles
no suena el
grito del cuco, sino el gruñido del mono aullador, que
a veces se mezcla
con el bufido del puma. A orillas de un lago pintoresco, las
casas con
sus techos inclinados y puerta-ventanas recuerdan el origen de
los
habitantes de esta región del centro de Nicaragua.
"La Selva Negra"
es una finca cafetera con mucho bosque, dentro de la
cual hay un hotel. Cerca de la cabecera provincial de Matagalpa,
a unos
150 kilómetros al norte de la capital Managua, descendientes
de
inmigrantes alemanes cultivan un café de alta calidad,
y en la medida de
lo posible tratan de hacerlo en armonía con la naturaleza.
El clima
templado que reina en esta región de 1.200 metros de altura
también ha
convertido a "La Selva Negra" en un destino de preferencia
de
excursionistas que huyen del calor de la llanura nicaragüense.
Es imposible errar el camino
que conduce al hotel, ya que en un
entronque un viejísimo carro de combate señala
la dirección. El colono
Eddy Kuehl, cuyo abuelo era oriundo de la ciudad de Kiel, en
el norte de
Alemania, lo colocó allí porque recuerda una época
turbulenta de la
historia de Nicaragua: la rebelión popular contra el dictador
Anastasio
Somoza, quien fue derrocado en julio de 1979 y cuya Guardia Nacional
perdió el tanque cerca de la finca en una emboscada de
la guerrilla
sandinista.
La historia de "La Selva
Negra" se remonta a mediados del siglo XIX.
Algunos emigrantes alemanes que viajaban a California en busca
de vetas
de oro decidieron quedarse en Nicaragua, donde introdujeron el
cultivo
del café y fundaron haciendas con nombres germanos como
"Bavaria",
"Prusia" o "Sajonia". En 1905, esos alemanes
inventaron el
"terrocarril", un tren con una apisonadora de vapor
como locomotora,
que, por falta de rieles, se desplazaba directamente sobre la
tierra y
que llevaba el café al puerto de Corinto, sobre el Pacífico.
Actualmente, el mejor medio
de transporte para explorar "La Selva Negra"
es el todoterreno, en el que la esposa de Kuehl, Anna Margaret,
invita a
subirse a las visitas. En la finca crecen, además del
café, plátanos,
árboles frutales y papas, y en los prados pastan vacas
como en las
montañas de mediana altura de Alemania.
La familia Kuehl está
orgullosa de su modelo agrícola ecologista. De las
aguas residuales del lavado del café se extrae gas metano
para calentar
los hornos de las tortillerías; las cáscaras de
los granos de café y las
algas del lago son transformadas en fertilizantes; la cascarilla
del
arroz es utilizada como herbicida; los gansos se comen la mala
hierba en
los cafetales, e incluso la sangre de los pollos sacrificados
se
aprovecha, como sustancia nutritiva para los cañaverales.
El espíritu ecologista
le ha rendido grandes beneficios a la familia
Kuehl. Su café ecológico se vende en Estados Unidos
a precios
excepcionales. Cuando el huracán "Mitch" azotó
a Centroamérica, a
finales de 1998, la densa vegetación de su finca impidió
la erosión de
las pendientes y los caminos sólo sufrieron daños
limitados. Y cuando el
noroeste de Nicaragua sufrió este año una grave
sequía, eran las
pendientes boscosas de "La Selva Negra" las que atraían
las nubes con su
regalo de humedad.
El turismo en Nicaragua, sin
embargo, aún está poco desarrollado y
generalmente sólo está aprovechado el 15 por ciento
de la capacidad del
hotel de "La Selva Negra". En la década de los
ochenta, durante la
revolución sandinista, el hotel recibía más
visitas, pero muchas veces
había problemas de comunicación con los huéspedes.
"En aquel entonces
llegaban muchos rusos, pero no hablaban ni español ni
inglés, de modo
que ni siquiera uno podía conversar con ellos", dice
Kuehl.
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